👌 Las joyas preciosas… ¿Malditas?

by - febrero 07, 2018


Seguro has escuchado esos relatos sobrenaturales, en donde ciertos objetos pueden contener energías que pertenecieron a personas que encontraron su fin por diferentes causas.

Las siguientes historias esconden extraños y misteriosos sucesos en los que, gracias a ellos, han pasado como trofeos de generación en generación, documentando una interminable lista de anécdotas y envidias por obtener estas extrañas piezas de joyería “malditas”.



El Diamante Hope.

Iniciamos con el diamante Hope, también conocido como diamante azul o joya de mar. Esta espectacular joya tiene un color azul intenso y un peso aproximado de 45 quilates con un costo de 250 millones de dólares.

En 1839, Henry Thomas Hope adquirió la joya, de quien recibió su nombre.

Según la leyenda, el diamante pertenecía a la diosa Sita, era su tercer ojo en un templo de la India, el cual fue robado por un sacerdote hindú quien sufrió una lenta y agonizante muerte.

Tiempo después, en 1642 fue vendido por un comerciante francés al rey Luis XIV, para mala suerte del comerciante, al poco tiempo fue mutilado por una manada de perros salvajes.

Sin embargo, a pesar de que se le asocian más de 20 muertes a este hermoso diamante, los personajes más celebres fueron el rey Luis XIV y María Antonieta, ambos decapitados.


El Diamante Kohinoor.

Es un diamante oval de 106 quilates que adorna la corona británica. Su nombre significa “Montaña de la Luz” en persa desde 1739.

En un texto hindú dice que la piedra tiene una maldición para los hombres que la posean “Sólo Dios o una mujer puede llevarlo con impunidad”.

El primero en sufrir fue el hijo del primer emperador Mongol, Babur; fueron expulsados y exiliados del reino.



El siguiente gobernante mogol, Shah Jahan, quien construyó el Taj Mahal, tenía ese diamante en el Trono del Pavo Real de la dinastía, y pasó sus últimos días viendo la vida a través de los barrotes tras ser encarcelado por su hijo Aurangzeb.

Este diamante se mantiene en la Torre de Londres como parte de la colección de Joyas de la Corona, que se valora en unos £ 13 mil millones.



El tesoro de Tutankhamón.

En 1922 Howard Carter halló, en el Valle de Los Reyes, la momia del joven faraón y sus tesoros intactos. Unos días después del hallazgo, Carnarvon, el promotor de la expedición, murió de neumonía, y su perro que se encontraba en Inglaterra, también murió. Debido a lo anterior y sumado con angustiosos avatares burocráticos y batallas legales, el gobierno del Cairo confiscó la tumba de Tutankamón. Esto fue aprovechado por la novelista gótica Marie Corelli, quien agrego historias a la “maldición”, también afirmó sobre la existencia de un texto árabe, donde se mencionaba que las maldiciones que seguirían a quienes se atrevieran a realizar la apertura de la tumba.



Las joyas de la corona Checa.

Para que la cámara de las joyas de la corona pueda abrirse, deben estar ante la puerta las siete personalidades con sus respectivas llaves.

La corona de San Venceslao es la pieza más valiosa y más antigua de las joyas de la corona checa. Por primera vez la usó en 1347 Carlos IV, al ser coronado como rey.

En 1346 Clemente VI, estipulaba la forma de usarla. Ello dio origen a la leyenda: quien se la colocara sobre la cabeza sin ser rey, moriría de manera violenta.


Se cuenta que, en un ataque de soberbia, Heydrich se colocó sobre la cabeza la corona de San Venceslao y poco después, en 1942, fallecería en un atentado perpetrado por antifascistas checos. Lo que dio más fuerza a la “maldición”.

Las joyas de la corona checa salen muy poco de la cámara en la catedral de S.Vito y se exhiben en público sólo en ocasiones excepcionales.

La cautela tiene un motivo: para que las joyas de la corona checa conserven su gran belleza, es necesario guardarlas permanentemente en la austera cámara, cuyo ambiente se mantiene estable.


En realidad, las maldiciones de las joyas, en la mayoría de los casos, son historias sensacionalistas inventadas. La mayoría de las tragedias atribuidas a los brillantes no son más que rumores sin comprobar.

Aún así, es probable que las supuestas maldiciones lleguen a su fin, cuando el poseedor de un corazón puro, lo haya donado como obsequio (en lugar de vender), podría romper el hechizo.

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